Muchos suelen creer que la genialidad llega por obra de magia, que la musa inspiradora va cabeza por cabeza decidiendo quién sí y quién no, sin embargo, no es así, el arte se trabaja, detrás de cada éxito hay horas de trabajo y dedicación, una dedicación que Matt Groening supo que debía de tener para consigo mismo para llegar a ser el artista que realmente deseaba, y que merecía, ser. Los comienzos siempre son complicados y antes de que el boom mediático que fueron Los Simpsons explotara, Groening trabajó como lavaplatos, ayudante de cocina, extra en películas (por lo general de las malas), escritor fantasma dentro de muchos otros trabajos a los que muchos artistas se auto condenan hasta que tienen la capacidad de seguir sus sueños, un trabajo por el que el creador de uno de los clásicos de la televisión no quiso esperar.
 
Satirizando su vida y realizando tiras que enviaba a su familia, comenzó a crecer su éxito hasta llegar a publicar un par de volúmenes de su libro que se llamaba “Life is Hell”, en el que compartía espacio con compañeros, para así eventualmente seguir su trayecto hasta llegar a coincidir con James L. Brook, una figura importante en Hollywood que tendió su mano y confió en Groening. El camino de Matt con Los Simpsons fue paulatino, comenzando con pequeños cortos que no tenían demasiado rating, sin embargo existían, hasta el 89 que se abrieron a una serie en tiempo y forma; hay que resaltar que lo más importante no fue que estuviera al aire, sino que ahora tenía libertad creativa y no había espacio para el veto, recayendo el peso de la serie en el poder del guión y en su libre albedrío, no solo en la explotación de este, sino en la correcta apropiación de su contexto sociocultural.
 
Matt Groening es el encargado de uno de los mejores programas del siglo XX, y aunque no es su único programa, se reconoce el merecido valor que este ha tenido dentro de la cultura pop. ¿Qué esperas para cumplir tus sueños?
14 marzo 2022

Dejar un comentario

Por favor tenga en cuenta que los comentarios deben ser aprobados antes de ser publicados